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Prioridades

Ben se encontraba junto al magistrado frente al Gran Consejo. Una decisión importante se debía tomar y de esta dependería el futuro.


Presente

Ben se había despertado temprano ese día, la luz del sol que apenas comenzaba a asomarse lo sacó de su superficial y ligero sueño. Estaba justo donde se había quedado el día anterior, en la ventana de su habitación del edificio abandonado donde residia. Luego de regresar tras la charla con el magistrado, se posó allí a ver la llovizna de la noche mientras reflexionaba.

¿Cómo se libraría del yugo de esa rata? Argit ha sido un gran problema para él, por su influencia ahora era un delincuente, no sabía otras formas de conseguir lo que necesitaba (o quería), pero esa misma alimaña fue el único ser que se acercaba a él además del Magistrado. Este último ha mostrado ser alguien en quien confiar y con muy buenas intenciones, pero al ser una autoridad, Ben no sentía ese lazo que lo convertía en su confidente. Ese papel lo ocupaba Argit, problemático, pero contemporáneo con él, ambos eran huérfanos (o en el caso de Argit, despreciado por su familia) y ambos necesitaban recursos para poder vivir. Esos puntos en común era lo que hacía que formaran alianzas, aunque Ben, puede que también lo haga buscando cierta aceptación. Pocos se atrevían a retar a Ben Tennyson, el joven humano portador del dispositivo más poderoso de la galaxia. No es que a Ben le importara mucho la soledad, pero a la hora de elegir influenzas que lo pudieran ayudar a salir de su problema con la sociedad, era difícil. ¿Cuál era la palabra que los alienígenas usaban para referirse a él? Ah si, intimidante. Todo por lo sucedido hace 6 años…


Pasado

Los Plomeros luchaban con todas sus armas, pero eran fuertemente superados. La armada incursiana era numerosa y poderosa, se estaban reportando algunas bajas y heridos. Por suerte para ellos, una gran parte de los Plomeros estaba allá por la convocación del magistrado, pero igual, el combate estaba de un lado.

Ben miraba con horror a este ser que tenía al frente, el solo hecho de hacer contacto visual le congelaba la sangre, se veía como alguien perverso y que siempre obtenía lo que quería sin importar lo que costara.

Los magistrados y los soldados incursianos se apuntaban entre ellos.

Magistrado Gilhil: Emperador Milleous…

El emperador y el magistrado Gilhil tuvieron un intercambio de miradas algo retadora. Se mantuvieron así por par de segundos.

Emperador Milleous: Oficial, solo vine por el muchacho. Aunque considere que esta institución es patética, tengo asuntos pendientes. Me lo entrega y me retiraré lo antes posible evitando menores pérdidas …. Para ustedes. - Lo último lo dijo con una risa burlona.

Al escuchar eso, hubo silencio en el lugar, solo se escuchaban a lo lejos los gritos y disparos de las demás zonas debido a la batalla que se estaba librando. Ben se encogió, retrocedió un poco y se colocó justo detrás del magistrado. Este nunca quitó la mirada de encima del emperador.

Magistrado Gilhil: Su propuesta se escucha muy tentadora, pero me temo que no puedo aceptarla. El niño se queda con nosotros.

El emperador cambió su cara al escuchar eso. Tenía una mirada airada.

Emperador Milleous: Con que así será - rápidamente le quitó un arma a uno de los soldados incursianos que tenía a su lado y comenzó a disparar-.... ¡¡Entonces lo arrebataré de al lado de tu cadáver!!

El Magistrado Gilhil lanzó a Ben algo lejos y se cubrió. Se armó un intercambio de disparos allí entre plomeros y soldados incursivos.


Ben cayó algo apartado, pero no se lastimó, no le tomó tiempo incorporarse y ver lo que estaba sucediendo. Esto estaba muy mal.

El dispositivo comenzó a pitar llamando su atención.

Dispositivo: *Pitido* *Pitido*

Ben: No los dejaré solos, los matarán. Vamos, dame algo que pueda usar para hacer algo. Tal vez el tipo rojo de los cuatro brazos o la bestia anaranjada peluda, no sé….

El dispositivo dejó de pitar y guardó silencio.

Ben: ¿Uh? ¿Ahora no dices nada?

Estaba tan enfocado en el dispositivo que ignoró la presencia del Emperador a pocos metros de distancia de él.

Muy de prisa una larga lengua se enroló sobre Ben y se retrayó llevándolo justo a los brazos de Milleous.

Ben: ¡No! AHHHHH

Emperador Milleous: Ahh, te tengo. No entiendo como mis cazarrecompensas no pudieron contigo - risa malévola- solo eres un pequeño insecto escurridizo.

A Ben se le brotaban lágrimas de los ojos, estaba en pánico. Eso era todo…. Todo a su alrededor comenzó a moverse como si fuera en cámara lenta: Al girar a la derecha vio a la Magistrata en el suelo; al mirar a la izquierda vio a los 3 magistrados perdiendo, ya había caído el más grande, Hulka; ver justo al frente de él la cara del emperador y ver esa sonrisa macabra de victoria.

Parecía que todo estaba perdido, cuando poco a poco algo comenzó a crecer dentro de él. Algo caliente se sentía en aumento dentro de su pecho. El miedo, poco a poco, se fue convirtiendo en ira. La mirada de pánico que tenía cambió por una mirada que el Emperador nunca antes había visto.

La sonrisa del emperador Milleous se borró al ver esa mirada tan penetrante del chico y sintió miedo.

La ira dentro de Ben crecía cada vez más con el pasar de los segundos, es como si quisiera explotar, pero en su lugar todo a su alrededor se oscureció.


Ben abrió los ojos y estaba algo aturdido y confundido. Ya no sentía más esa ira en su ser, es como si hubiese sobrepasado en un instante. Miró a su alrededor y vio que los soldados incursianos guardaban distancia y lo miraban con espanto y horror. Al mirar a otro lado pudo ver que el Magistrado estaba cerca de él, pero en shock.

Ben no comprendía lo que sucedía, se sobaba un poco la cabeza con su mano derecha cuando sintió algo caliente y viscoso que cubría su mano y brazo. Al mirar lo que era, se espantó y pensó que moriría, corrió un poco en pánico cuando tropezó con algo en el suelo, se levantó como pudo y vio lo que tenía en frente… en el suelo yacía el cuerpo del Emperador Milleous, muerto y destrozado. Fue en ese momento que entendió lo que pasó. Sintió como sus piernas se debilitaron y terminó perdiendo el equilibrio, estaba mareado, pero mantenía cierto grado de consciencia.

Magistrado Gilhil: - Corrió hacia él- ¿Estás bien chico? - Lo sostuvo entre sus brazos tratando de que pudiera estar en mejor posición.

Dispositivo: Glicemia baja, glicemia baja.

La combinación de la azúcar baja por no comer, el estrés en general de todo y ahora el impacto de la escena habían causado que Ben estuviera al punto de quedar inconsciente.

Ben: Yo….yo…..yo lo hice…. Yo….yo….yo lo maté - Le dijo con cara de espanto y pánico al magistrado.

Magistrado Gilhil: Tranquilo, muchacho. - Dijo con serenidad.

Los soldados incursianos se acercaron y rodearon al cuerpo de su líder. Se quedaron allí asombrados por unos segundos mirándose entre ellos.

Soldado incursiano: ¡¡El emperador ha caído!! - Dijo uno de ellos.

No había mucho que pudieran decir en ese momento, todo lo sucedido les había quitado el habla, pero tampoco tuvieron la oportunidad de recuperarla…

¿¿??: ¿Papi? -bostezo- ¿Por qué tanto alboroto? - Dijo una pequeña niña incursiana de unos 5 años, quien entraba algo somnolienta a la escena. Era la pequeña hija del emperador, la princesa Attea. Aparentemente estaba durmiendo cuando todo el estruendo la despertó y logró colarse fuera de la nave.

Los soldados bajaron la cabeza y rodearon el cuerpo del emperador para que ella no pudiera verlo con claridad.

Princesa Attea: ¿Ese es papi? ¡¿Qué le pasa?! - Estaba más despierta y ahora asustada.

Iba a correr hacia él para verlo mejor cuando un alien de aspecto delgado cuyo cerebro estaba a la vista aunque cubierto, se interpuso en el camino no dejándola avanzar más de tres pasos.

¿¿??: Ahí estás, pequeña… no es bueno que estés aquí…. deberías estar en la cama. - Dijo con voz apagada y en tono bajo.

Princesa Attea: Raff, ¿qué le pasa a papi? ¿Por qué no se mueve? - La princesa lo trató de evadir un poco para mirar mejor a su papá y descubrir que estaba pasando, pero este no la dejaba.

El alienígena se agachó para estar a la altura de ella, colocó su mano en el hombro de la pequeña e hizo que lo mirara a los ojos.

Raff: Todo… todo está bien, no puedes ver a tu papi ahora, él no está… en condiciones de hablar, creo….creo que lo mejor es que vuelvas a la cama. - Se levantó a su altura normal y comenzó a guiar a la chica hacia la nave principal, evitando en todo momento, que ella pudiera ver a su padre.

La princesa no comprendía qué pasaba ni el porqué su padre estaba tirado, pero confiaba plenamente en Raff. A pesar de la preocupación y la mala impresión, prefirió seguir a aquel que estaba encargado de cuidarla.

El ver que ahora, por su culpa, aquella pequeña e inocente niña había quedado huérfana, sin duda fue la gota que derramó el vaso en Ben. Tras la desesperación y la culpa, Ben colapsó y quedó inconsciente.


Los Plomeros reparaban algunos daños, asistían a los heridos y retiraban lo que quedaba de aquellos que no lo lograron. En su parte, los incursianos se marchaban, estaban muy chocados y algo horrorizados por lo sucedido. Raff: Su señoría, lamento todo lo que pasó. Nos marcharemos cuanto antes, no habrá problemas- Hablaba con tranquilidad a la Magistrata, quien estaba de pie aunque algo herida.

Magistrata: En mi noción queda establecida que la joven princesa es la heredera de la posición que ocupó su padre ¿Debo atormentarme por ello?

Raff: - Parpadeó dos veces- Ahh… Está en lo correcto, su señoría, ahora ella será la que dirigirá todo a pesar de su corta edad. Me tocará ser su mano derecha y ser quien la resguarde ante todo. No debe preocuparse, no… - miró al joven humano que yacía en los brazos del magistrado- creo que volvamos a enfrentarnos.

Ambos se dieron la mano en señal de acuerdo y de paz.


Luego de terminada la conversación, cada uno se fue a lo suyo. La Magistrata se acercó al Magistrado Gilhil, quien estaba en el suelo con Ben.

El chico estaba entre los brazos del magistrado siendo rehidratado con solución salina y recibiendo cierta cantidad de glucosa a través de un dispositivo pequeño que se incrustó en la mano derecha y enlongó una especie de jeringa que entró en una de las venas de la mano. Aún no tenía consciencia.

Magistrata: Le debo una solemne disculpa a su persona. Hubo veracidad en sus palabras.

El magistrado, manteniendo la calma que lo caracterizaba, solo se limitó a asentir. La Magistrata iba a marcharse para atender los daños, pero nuevamente se detuvo y esta vez se enfocó en el chico.

Magistrata: -Ligera sonrisa- Pensar que esta criatura en un instante acabó con el régimen del emperador dictador, es algo que asombra y a la vez causa algo de intimidación. - Miró nuevamente al magistrado- Cuidelo, él lo necesita - Dijo para terminar de marcharse.

El magistrado se quedó mirándola mientras se alejaba sin añadir más nada. Luego volvió su mirada sobre el chico, a pesar de su estado de inconsciencia, podía ver que su piel ganaba color poco a poco. Pronto iba a mejorar su condición física, el problema que quedaba era su condición emocional y mental.

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